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La carta a los Reyes y la carta a los papás

Seguro que la mayoría ya habéis visto este anuncio de Ikea que en solo un par de días se acerca ya al millón de visitas.

Dejando a un lado la emotividad o la melancolía que acompañan a todos estos anuncios navideños que además suelen terminar con un final feliz que nos anima a ser mejores personas (y a comprar, aunque no lo parezca) no está de más que nos preocupemos por lo que de verdad importa, porque los hijos son el epicentro de todo lo que merece la pena, pero en demasiadas ocasiones pasan a un discreto segundo plano.

Nada como el hogar para amueblarnos la cabeza

Hace tiempo que no publicaba aquí en el blog alguno de esos anuncios publicitarios que tanto suelen llamar la atención, y que en muchas ocasiones son, incluso, bastante mejores que el producto que luego anuncian. En esta ocasión le toca a la multinacional sueca Ikea…

Un anuncio que parte de las noticias de la televisión, cuando el locutor comenta algo de sobra conocido: “Dicen que nuestros hijos son lo que ven –afirma el presentador–, pero los últimos estudios revelan que por encima de la escuela, la calle o incluso la televisión, lo que más les influye y les marca para el futuro es lo que ven… en su propia casa”.

Y así, mostrando distintas imágenes en las que se pone de manifiesto el mal ejemplo que damos a nuestros hijos, añade unas cuantas preguntas de esas que hacen a uno sentirse mal: “¿Estaré alimentando a la bestia, en qué clase de ser se convertirá si el modelo a seguir es alguien incapaz de…?”. “Si se fija en mí, ¿será un tipo sociable? ¿y justo?, ¿o al menos cuidará un poco el planeta?, ¿podrá distinguir lo orgánico de lo otro?”.

Pero, cambio de plano y… “Pues, mira, sí, tenemos lo que hay que tener: amor del bueno, lo demás tiene fácil solución”.

Y es que ese amor del bueno tiene como ingrediente principal el ejemplo.