enterrado en vida

[Libros] Enterrado en vida, Arnold Bennet

Últimamente parece que tengo un poco abandonado en el blog el tema de las reseñas de libros. Eso no significa que haya dejado de leer, simplemente es que no estoy publicando los comentarios, aunque poco a poco pretendo irme poniendo al día…

Título: Enterrado en vida.
Título original: Buried Alive: a Tale of These Days
Autor: Arnold Bennett
Traductor: Vicente Vera (1921).
ISBN: 978-84-15578-49-9
Editorial: Impedimenta.
Número de páginas: 304.
Fecha de publicación: Abril 2013.
Sinopsis: Priam Farll es el más reputado pintor de Inglaterra: célebre por sus cuadros sobre policías y pingüinos, es adorado por el público y la crítica. Tímido como un cervatillo, nadie conoce su aspecto, pues lleva años viviendo en el extranjero junto con su criado Henry Leek, un granuja de tomo y lomo. Un día regresa a Londres de incógnito, y Leek tiene el mal detalle con su amo de fallecer súbitamente de pulmonía. El doctor que certifica la muerte confunde a Leek con Priam Farll, y pronto la noticia corre como la pólvora: el gran pintor ha muerto. Farll ve el cielo abierto y decide no sacar al mundo de su error: finge que es Henry Leek, y hasta asiste a su propio entierro en la abadía de Westminster. Es entonces cuando entra en escena una pizpireta viuda de Putney, Alice Challice, que estaba prometida en matrimonio por correspondencia con Leek, y con quien Farll se aliará para luchar contra las adversidades de la vida moderna.

Opinión personal: Historia divertida, amena, con ese típico y tópico humor inglés que uno no termina de saber si es gracioso o puñetera la gracia que tiene… La flema británica, que se suele decir.
Una historia no exenta de crítica social, a la importancia que tiene el dinero, al mundo del arte, al periodismo sensacionalista y amarillo tan habitual por cierto en nuestros días más de 100 años después de escrita la novela… Crítica a todo lo cotidiano y doméstico, a fin de cuentas.
Partiendo de un equívoco se desarrolla toda una trama en la que el protagonista, sin comerlo ni beberlo, pasa a ser un personaje anónimo, aunque al final el pastel se termina descubriendo y nuestro anónimo protagonista verá horrorizado como se convierte en carne de sensacionalismo.
Una historia que no deja títere con cabeza y que pone de manifiesto que cien años después las cosas no han cambiado tanto como parecen.