castigos

De castigos colectivos en el colegio…

castigado_librosAl mundo de la educación han llegado, o eso se dice, nuevos tiempos. Ahora se habla de inteligencias múltiples, de educación expandida, de alteridad, de aprendizaje basado en el pensamiento, the flipped classroom,… No voy a entrar a debatir si son la panacea o no sirven para nada, y es que además esta entrada del blog no trata de todo eso.

Hoy voy a hablar de algo mucho más mundano, los castigos en el colegio, y más concretamente de los castigos colectivos en el colegio. Adelanto ya que no estoy para nada de acuerdo con los castigos colectivos. Y defino castigo colectivo como aquel que se impone a un grupo de alumnos como resultado del comportamiento de uno o más individuos del grupo. Y aclaro aún más, voy a hablar de castigos colectivos que se imponen a un grupo por un comportamiento que han tenido tres individuos concretos y perfectamente identificados de un grupo. No estoy hablando de un caso en el que no se sabe quién ha sido el culpable, estoy hablando de un caso en el que los culpables están perfectamente identificados.  Aún así también quiero dejar claro que estaría en contra del castigo colectivo aunque los culpables no estuvieran identificados.

Es evidente que el profesor ante un hecho punitivo como el que me refiero puede tomar distintas alternativas: Aplicar un castigo a los tres alumnos que han cometido el hecho, no aplicar castigo alguno y la que a mí me parece más surrealista de todas, castigar a todos los alumnos de la clase por un hecho que cometieron tres alumnos concretos.

Lo que voy a decir puede parecer un poco fuerte, pero creo que la decisión que tome el profesor permite definir el carácter de esta persona y nos permite hacer un juicio de valor  acerca de cuáles son los principios que rigen sus actos, si es que tiene principios, que esa es otra.

Lanzo unas cuantas preguntas y sus correspondientes respuestas:

  • ¿Es lícito castigar a alguien que no ha hecho nada malo? Mi respuesta es no.
  • ¿Se está incurriendo en maltrato contra aquellos alumnos que no hicieron nada malo? Mi respuesta es sí.
  • ¿Trata de forma indigna a alumnos que no lo merecen? Mi respuesta es sí.
  • ¿Promueve el enfado y la indignación de aquellos alumnos que no hicieron nada? Mi respuesta es sí.
  • ¿Puede incitar al enfado e incluso la violencia contra los culpables del castigo? Mi respuesta es sí.
  • ¿Favorece el buen ambiente del grupo? Mi respuesta es no.
  • ¿Provoca rechazo hacia la actitud o incluso hacia el mismo profesor? Mi respuesta es sí.
  • ¿Provoca indignación en madres y padres que intentan “justificar” ante sus hijos lo injustificable? De nuevo la respuesta es sí.

Entiendo que cuando el profesor toma la decisión de castigar a todos, opta por el camino fácil y rápido, todos castigados y así “aprenden la lección”. Supongo además que el profesor pretende dejar claro ante los alumnos su autoridad, pero lo cierto es que está perdiéndola toda de golpe. La suya no es una medida educativa, no sirve para nada más allá de ahorrarse el dar un clase mientras los alumnos escriben 100 veces “no debo desobedecer al profesor”, aunque solo lo hayan hecho tres de ellos.

El profesor pierde su autoridad moral (si es que la tenía), consigue la incomprensión de los alumnos que no hicieron nada para ser castigados, elimina su función educadora y hace que su descrédito ante padres y madres crezca de manera exponencial. Si alguien se porta mal, digáselo a esa persona, no a todos. La clase no es la que se porta mal, quién se porta mal son una, dos o tres personas.

Vaya por delante el respeto absoluto para todos esos profesores que cada día trabajan y educan a nuestros hijos, nuestro deber como padres es apoyarles en esa difícil labor, pero para apoyarles en esa labor es imprescindible que las decisiones que tomen sean justas. Castigar a toda la clase por lo que han hecho tres personas no es justo, lo diga Agamenón o su porquero.

 

 

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Castigos injustos

Hoy vamos a imaginar una historia…

Un día varias personas, malas, deciden cometer un robo. Nadie sabe quién ha sido. La policía investiga pero no encuentra a los culpables, sólo sabe que viven en un determinado pueblo pero no tiene pruebas de quién ha podido realizar ese robo. Al responsable policial se le ocurre un método para descubrirlo: Detendrán a todas las personas de ese pueblo, los meterán en la cárcel y sólo saldrán si los responsables del robo deciden confesar su delito. Y lo hacen. Detienen a todos los habitantes de ese pueblo. Algunos se quejan porque les parece injusto, otros callan quizás por miedo a señalar a los verdaderos culpables que por cierto no confiesan puesto que no creen que contar la verdad les vaya a suponer una mejora en sus actuales condiciones. Un mes después, cumplido el castigo, todos salen libres.

Algún tiempo después vuelve a cometerse un delito, y de nuevo no se sabe quién ha podido ser. La policía vuelve a detener a todo un grupo entre los que deben estar los verdaderos culpables. Ahora ya ni los propios inocentes se quejan del injusto trato puesto que piensan que no servirá de nada…

Esta historia viene a cuento porque, aunque supongo que no será demasiado diferente a lo que ha sucedido en otros cursos, este año estoy escuchando en muchas ocasiones, tantas que ha terminado llamándome la atención, el que, en los colegios principalmente, se castigue a todo un grupo de alumnos por lo que hayan hecho mal uno o varios compañeros.
Cuando el tema lo comentan los chavales lo hacen como si fuera la cosa más normal y como algo que ya tienen muy asumido.

Van sólo unos cuantos ejemplos que he ido escuchado últimamente:
Un extintor que se abre, manchándolo todo, con ayuda de alguien, claro. El director del centro monta en cólera y amenaza a todo un grupo de 1º de Bachillerato con un castigo ejemplar y obligar a pagar los desperfectos si no aparece el culpable último.

Una silla de profesor que aparece, casualmente, impregnada de pegamento. Se castiga a todo un grupo entre los que presuntamente debe estar el o la culpable del hecho.

Sólo cinco de treinta alumnos llevan los deberes de matemáticas a clase. La profesora se enfada y decide dejar sin recreo a toda la clase por ser poco trabajadores. Cuando uno de los que sí ha trabajado se queja además de las críticas de los compañeros (o todos o ninguno castigado) la profesora le dice que no va a cambiar su postura.

Desaparece el borrador y varios rotuladores de una clase.  Tras la charla del profesor, castigo para todos. Semana sin recreo.

Y ahora voy con otra historia, ésta muy cercana. El pasado año una de mis hijas que en ese momento tenía 6 años pasaba de educación infantil a primaria con todos los cambios de metodología, profesor, etc. que eso supone. Siempre había acudido encantada al colegio pero, durante los primeros días, cuando le preguntábamos qué tal en el colegio, invariablemente respondía:
– El colegio bien, la profesora mal.

Así un día tras otro hasta que muy alegre un día salió diciendo:
– Por fin se ha dado cuenta de que lo que hay que hacer es castigar al que lo hace mal y no a toda la clase.

Sólo tenía seis años, pero tenía muy claro que hasta ese momento se estaba cometiendo una injusticia por la que ella tenía que pagar sin ningún motivo. A partir de entonces todo comenzó a ir sobre ruedas. Esa profesora acertó cuando rectificó y además hizo mucho bien.

Desde bien pequeños, los niños y los chavales son muy conscientes de que se están cometiendo injusticias a su alrededor. Si somos capaces de poner remedio en un momento dado y se soluciona, todo irá bien. En caso contrario se estará fomentando el que asuman como justo y normal algo que no lo es. Luego nos quejaremos de cómo anda la sociedad, pero… ¿quién forma la sociedad?