Mes: octubre 2018

Mis enlaces semanales (XCI)

Una semana más llega la recopilación de mis enlaces semanales. Hoy llegamos a la edición nonagésimo primera. Los lectores habituales del blog recordarán que en esta sección comparto enlaces a artículos que me han parecido interesantes -con los que, por cierto, no siempre estoy de acuerdo- y que durante la semana he ido encontrado y, en algunos casos, publicando bien a través de mi cuenta en Twitter, en Tumblr, en la página de Facebook de 30 de diferencia,  y también en mi canal de Inoreader.

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Desde Aranjuez traigo a uno de los habituales, y es que mientras los medios de comunicación locales sigues con el corta, copia y pega de las notas de prensa que les envían Javier Medina sí que nos mantiene informados, pese a que a algunos no les guste.

Esta semana no hay viñeta, es simplemente una foto que encontré en el blog de Mikel Aguirregabiria.

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Mis enlaces semanales (XC)

Una semana más llega la recopilación de mis enlaces semanales. Hoy llegamos a la edición nonagésima. Los lectores habituales del blog recordarán que en esta sección comparto enlaces a artículos que me han parecido interesantes -con los que, por cierto, no siempre estoy de acuerdo- y que durante la semana he ido encontrado y, en algunos casos, publicando bien a través de mi cuenta en Twitter, en Tumblr, en la página de Facebook de 30 de diferencia,  y también en mi canal de Inoreader.

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Terminamos como es habitual desde Aranjuez:

Y hoy la viñeta se la dejamos a Mel. Lo primero es lo primero.

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Descansa en paz, Pablo

Esta mañana me enteraba a través de las redes sociales del fallecimiento de Pablo.

Conocí en persona a Pablo en Miranda de Ebro, en una carrera que organizaba Qanzio. En las pruebas de marcha nórdica no solíamos juntarnos muchos, así que prácticamente todo el mundo se conoce. Lo que ya no es tan habitual es que el ganador venga a saludar a las niñas que han participado en la prueba nada más terminar, que les pregunte cómo les ha ido, que les anime a seguir o que se haga una foto con ellas…

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Volvimos a coincidir unos días después en Cartagena, en la carrera de Piri, y mientras Pablo calentaba con Faustino daba consejos a Paula, cada vez que se cruzaban en el circuito había una palabra de ánimo por su parte, que se lo tomara con calma, que bebiera mucho, continuos ánimos, palabras de aliento…, buena persona, cercana y siempre de frente. Ese era Pablo.

Tras la prueba de Aranjuez del 2017 nos cruzamos bastantes mensajes, y él, de vez en cuando, dejaba comentarios en el blog de marcha nórdica y siempre me mandaba un Whatsapp para ver si lo había visto 🙂 Estuvimos hablando largo y tendido antes y después de la prueba, le dije que me interesaba mucho conocer su visión, no que me dijera todas las cosas buenas que tenía la prueba, me interesaba mucho más conocer las cosas en las que habíamos fallado, las cosas en las que había que mejorar…, nadie mejor que los protagonistas de la prueba para dar su opinión. Lo que más me sorprendió fue cuando me dijo que era la primera vez que desde la organización de una prueba le pedían su opinión… Jamás desde la federación se habían dirigido a él para preguntarle nada, y Pablo era el mejor, con diferencia. Cuando días después le mandé un mensaje felicitándole por haber quedado campeón de España, me dio las gracias y me preguntó por la familia, ese era Pablo. Un tipo sencillo, cercano y amable.

Pero Pablo tenía un gran problema, era franco, impulsivo y directo, posiblemente a veces, muchas veces, se excedía. Estoy seguro que no había nunca mala intención por su parte, decía las cosas a la cara, muy claras, te gustara o no, y a veces, como todos, metía la pata y veía ataques contra él o contra los suyos donde no los había. Todo se lo tomaba como afrenta personal.

Fui testigo directo de como un compañero le rechazaba el saludo tras una carrera, recuerdo que me acerqué y le dije: “Este tío es tonto”. El me respondió: “Sí, lo es. Mucho.” Posiblemente hoy ese tipo esté diciendo por ahí lo mucho que le apreciaba y le respetaba, a lo mejor si lee estas líneas se arrepiente de lo que hizo aquel día en Cartagena.

Descansa en paz, Pablo.

[Libros] Un lugar a donde ir, María Oruña

Hace unos meses publicaba en el blog la reseña de Puerto escondido, el primero de los libros de la saga que tiene a la guardia civil Valentina Redondo y a su novio, Oliver Gordon, como protagonistas. Me gustó mucho y decidí que seguiría leyendo esas historias de María Oruña.
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Título: Un lugar a donde ir.
Autora: María Oruña.
ISBN: 9788423351855
Editorial: Destino.
Fecha de publicación: Febrero 2017
Sinopsis: Han transcurrido varios meses desde que Suances, un pequeño pueblo de la costa cántabra, fuese testigo de varios asesinatos que sacudieron a sus habitantes. Sin embargo, cuando ya todo parecía haber vuelto a la normalidad, aparece el cadáver de una joven en La Mota de Trespalacios, un recóndito lugar donde se encuentran las ruinas de una inusual construcción medieval. Lo más sorprendente del asunto no es que la joven vaya ataviada como una exquisita princesa del medievo, sino el objeto que porta entre sus manos y el extraordinario resultado forense de la autopsia.

Cuando hasta los más escépticos comienzan a plantearse un imposible viaje en el tiempo, comienzan a ocurrir más asesinatos en la zona que parecen estar indisolublemente unidos a la muerte de la misteriosa dama medieval.

Mientras Valentina Redondo y su equipo investigan los hechos a contrarreloj, Oliver Gordon, ayudado por su viejo amigo de la infancia, el músico Michael Blake, buscará sin descanso el paradero de su hermano Guillermo, desaparecido desde hace ya dos años, y descubrirá que la verdad se dibuja con contornos punzantes e inesperados.

Opinión personal: Si ya me gustó, y mucho, Puerto escondido creo que Un lugar a donde ir lo supera. Una trama que engancha desde las primeras líneas y que aúna perfectamente historia y novela negra. Cuando esos son dos de tus géneros preferidos el cóctel pinta muy bien…

Los personajes, especialmente los protagonistas, pero sin dejar de lado a los secundarios, vuelven a estar magníficamente conseguidos, con más empaque todavía que en el primero de los libros, más hechos por decirlo de alguna manera.

La historia está narrada en varios espacios temporales pero eso no hace que pierda ritmo, más bien lo contrario. de hecho juega con el lector que desea pasar de uno a otro para ir conociendo mejor toda la telaraña que entreteje la historia.

Igual que en el anterior, las descripciones, el patrimonio histórico y la ambientación de la historia en Cantabria vuelven a ser brillantes, dejando en el lector un poso y unas ganas de conocer mejor aquellas tierras.

Para mí es un libro más elaborado que el anterior, más maduro y que muestra una evolución en positivo de la autora demostrando que aún no ha tocado techo.