¿Bailamos?

Pues eso, ¿bailamos? 😉

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¿Bailamos?

¿Jornada partida o jornada continua?

Leía ayer en 20minutos.es un  artículo en el que se hablaba de este asunto. Según el artículo la jornada partida va perdiendo protagonismo poco a poco en colegios de primaria, tiene presencia mínima en secundaria y prácticamente no existe en bachillerato.

Como detalla en un artículo Antonio Tinajas Ruiz, catedrático de enseñanza secundaria, solo “la escuela privada garantiza la jornada partida”, la más extendida en Europa.

Los defensores del horario escolar partido aseguran que éste reduce el fracaso escolar, contribuye a que los niños se cansen menos y favorece la conciliación familiar y laboral, en las familias cuyos padres trabajan y no pueden atender a sus hijos por las tardes.

En cuanto a las desventajas, sus contrarios argumentan que lo anterior es falso. En su opinión, la jornada partida disminuye el rendimiento de los estudiantes mientras que aumenta su cansancio.

¿Quién lleva la razón? Yo no lo sé.

Concapa, la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos, destaca la relación entre la conciliación de la vida familiar y laboral y el horario escolar, por lo que “apuesta por la jornada de mañana y tarde, salvo contadas excepciones como los meses de calor en zonas como el sur de España o Canarias”.

Por su parte los argumentos que esgrimen los partidarios de la jornada continua (sobre todo el profesorado) no suelen venir acompañados de los estudios científicos que los ratifiquen. Las ventajas que se le atribuyen son las mismas que en el caso anterior, de ahí la controversia: mayor rendimiento escolar, un menor cansancio, más posibilidades de realizar actividades extraescolares, más opciones de que los profesores complementen su formación y una mejora de la vida familiar, al disponer los hijos de más tiempo fuera de los colegios.

En cuanto a las desventajas, para Concapa, en los centros donde se defienden menos horas de clase, la reivindicación responde más al profesorado “que a una mejora de la enseñanza”, ya que, a su juicio, “no beneficia ni a los alumnos ni a los padres”. Asegura que la jornada intensiva propicia que los niños tengan más horas de trabajo porque tienen más deberes, “mientras que los padres no pueden estar ese tiempo con ellos y han de buscar también alternativas extraescolares”.

Jesús María Sánchez Herrero, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), justifica la jornada continua “en zonas rurales de difícil acceso u otras características socioeconómicas particulares”, pero señala su oposición a la jornada escolar continua. Asegura que en las comunidades autónomas donde está implantada, “en ningún caso ha mejorado el rendimiento escolar del alumnado”, se limita la participación en actividades extraescolares al reducirse las posibilidades de transporte y cerrarse los centros por las tardes, además de empeorar la situación de los niños con más necesidades educativas y sociales.

Y los inconvenientes continúan. Para Sánchez Herrero, cuando las tardes quedan libres para los escolares, las clases son más cortas, “por lo que el profesorado dispone de menos tiempo para impartir su materia” y ha de encargar más deberes al alumnado, lo que implica una sobrecarga para los estudiantes, que bien han de contratar clases particulares o superar las dificultades por sus propios medios, en el caso de que los padres no pueden afrontar el gasto de esas clases ni tengan la formación adecuada para ayudarles. Por este motivo, considera que “no contribuye en absoluto a combatir el fracaso escolar”.

El cambio de la jornada partida a la continua afecta a alumnos, padres y profesores. Respecto a estos últimos, CEAPA considera legítimo que reclamen la jornada matutina, pero sin que esto afecte a los estudiantes ni a las familias. “Distinguimos entre la jornada laboral del profesorado, la lectiva del alumnado y el horario de apertura de los centros educativos. Estas tres jornadas no tienen por qué coincidir”, matiza. Esta asociación estima que la jornada de los profesores no debería influir en la de los escolares, de manera que estos puedan permanecer en los centros y aprovechar sus instalaciones y recursos. “El problema se suscita cuando un sector del profesorado cree que el camino más corto para alcanzar sus objetivos es modificar también la jornada del alumnado”, critica.

Personalmente no sé muy bien qué decir, este es uno de esos temas en los que no tengo una opinión formada aparte de lo que a cada uno le pueda ir mejor o peor. Sí que creo que no siempre desde los centros se da la información más honesta, y no siempre porque los profesores prefieran tener una jornada continua antes que una jornada partida sino porque seguro que algunos centros concertados y privados optan por la opción de la jornada partida buscando hacer caja. Que si comedor escolar, que si actividades formativas, que si extraescolares…
¿Jornada partida o jornada continua?

Experimento plantas

Hace unos días empecé a hacer un experimento con unas judías para comprobar como las plantas van buscando la luz del Sol.

Ya he terminado el experimento y ha salido muy bien. Al principio crecían muy despacio pero luego fue muy rápido. Las judías han ido creciendo hacia el lado de la caja que tenía un agujero y luego han seguido creciendo hacia arriba.

Aquí se puede ver como ha ido el experimento día a día.

Experimento plantas

Resultados en pruebas externas versus resultados futuros

Jordi Martí publica en su interesante y recomendable blog Xarxatic un artículo titulado ¿Debemos enseñar para tener éxito en las pruebas externas? en el que plantea algunas cuestiones a las que sinceramente  no sé muy bien cómo responder.

En unos momentos en que el sistema educativo se mide (y aún se va a medir más en un futuro) mediante determinadas pruebas externas (léase PAU o futuras reválidas) conviene plantearse realmente cómo se debe dar clase a los alumnos. ¿Debemos asumir nuevas metodologías que, a pesar de entroncar con la posibilidad de tener éxito en las pruebas que deberán pasar nuestros alumnos, son las que pensamos que son más beneficiosas para un completo desarrollo educativo (a nivel de adquisición de competencias de diferentes tipos) de nuestros alumnos? O, quizás, por el bien de los chavales que se van a ver obligados a establecer una competencia continua mediante pruebas, ¿debemos prepararles para que saquen las máximas calificaciones en las mismas?

Son buenas preguntas para empezar y es posible que dependiendo desde dónde las respondamos nos vayamos a un extremo u otro.

Inicialmente me inclinaría a pensar que se debe apostar por nuevas metodologías que intenten preparar del mejor modo posible a los chavales para lo que se van a encontrar en el futuro. Porque ¿tiene sentido que tengan que seguir estudiando cosas de memoria cuando a un golpe de clic de ratón tienen muchísima más información de la que jamás se habría pensado?, ¿tiene sentido seguir enseñando igual que se hacía hace veinte años para chavales que tendrán que desarrollar sus competencias dentro de veinte años?
Pero por otra parte, ¿qué piensan al respecto la mayoría de las familias, o incluso los alumnos? ¿No nos fijamos principalmente en la calificación sin dar importancia al resto (trabajo, actitud, interés…)? ¿Qué es lo que más valoran la mayoría de los profesores, el trabajo diario, el trabajo voluntario, la actitud en clase o la nota del examen de evaluación?

Dice Jordi que si se analizan con detenimiento los resultados de estas pruebas seguramente las mejores calificaciones se dan en alumnos con un método de aprendizaje muy enfocado a las mismas, y posiblemente no le falte razón.
A mí, en la academia me sucede exactamente esto. Me gustaría poder enseñarles otras cosas, y de hecho lo intento, siempre intento mostrar el lado divertido de las matemáticas, intento hacer que piensen y razonen, pero tampoco me puedo engañar, cuando un alumno llega a mí, lo que busca, él y su familia, es aprobar el próximo examen o recuperar la evaluación suspendida y ese es su único objetivo. Y si yo quiero seguir comiendo necesito que lo consiga.

Por desgracia, los profesores, aunque no lo parezca, trabajan bajo una presión importante, los resultados también son necesarios, todos los colegios quieren tener los mejores resultados posibles pero mucho me temo que cuando se utiliza la palabra resultados nos fijamos única y principalmente en el dato numérico. Nos movemos de una forma corto-placista, pensando demasiado en el hoy y dejando el mañana muy lejos.

Voy a generalizar, y evidentemente toda generalización es injusta, pero la gran mayoría de los profesores siguen evaluando en base a unos exámenes, a unas pruebas que se hacen en un día concreto y en las que se mide a los alumnos sin tener en cuenta multitud de factores que hay alrededor. He escuchado muchas veces eso de que se tendrá en cuenta el trabajo pero seguimos teniendo la sensación, y probablemente no es equivocada, de que al final lo que cuenta es la nota de ese examen.

 

Resultados en pruebas externas versus resultados futuros

Con la familia, la remontada es posible

A través de un enlace que compartía Meli en Facebook (muchas gracias) llego a este vídeo realizado por la Asociación De Familias Numerosas de Euskadi, Hirukide.

En el vídeo Hirukide pretende destacar el colchón que suponen las redes familiares a la hora de abordar situaciones de desempleo originadas en el actual contexto de crisis económica y social.
Este trabajo, que se presentaba recientemente en el VI Congreso Vasco de Familias Numerosas, presenta a un padre en paro que tiene que enfrentarse a la situación de explicar delante de un grupo de niños de nueve años, entre ellos, su propio hijo, que está en paro y que su “trabajo en este momento es buscar trabajo”. A partir de ahí, y ante la atenta mirada de los niños, el padre establece un paralelismo entre su situación laboral y el marcador 0-4 en un partido de fútbol, entre la familia y los jugadores del partido, para concluir que “con un buen equipo, la remontada es posible“.

En la actual situación en la que se supera el 25% de paro el único motivo real por el que seguimos adelante es gracias a la familia; a la fuerza que esta institución tiene en nuestra sociedad y a la generosidad de millones de madres, padres, abuelos, hijos, que se quitan de lo que no tienen para compartirlo con sus seres más cercanos.

Es triste que los medios de comunicación pretendan vendernos otras cosas, normalmente siempre negativas, y que la familia no sea noticia y más triste aún que los gobernantes, sean del signo que sean no valoren y defiendan en su justa medida a esta institución que sigue llegando donde ellos nunca llegan, a lo más importante, a las personas.

No dejéis de verlo, porque de verdad merece la pena…
Con la familia, la remontada es posible

De derechos y negocios

Leía hoy un artículo de la Fundación Melior en el que se preguntaban si la educación es un derecho o un negocio.

La enseñanza básica es obligatoria y gratuita. Así lo dice el apartado 4 del artículo 27 de la Constitución Española. Obligatoria desde luego, pero ¿gratuita? Si fuera así, ¿por qué muchas familias españolas no pueden asumir el gasto que supone la vuelta al cole de sus hijos?

Cuando las cosas iban bien, o simplemente mejor que ahora, se daba menos importancia a este tema, pero en los últimos años se ha ido sumando una situación económica cada vez más complicada a una disminución casi total de las ayudas y becas para los libros. Y cada comienzo de curso salta a los titulares de los medios un tema recurrente: El coste de los libros en la vuelta al cole.

La imagen que ilustra el artículo de la Fundación Melior es elocuente, el precio de los libros para un niño de 4º de Primaria asciende a 400 euros. Aunque no deja de ser un ejemplo puntual, posiblemente de un colegio concertado o privado y por la editorial que predomina diría que religioso, no es demasiado diferente tampoco a lo que nos podemos encontrar en muchos colegios públicos.

Por cierto, como anécdota, algunos de los libros que el colegio vende con descuento, en la página de Amazon se pueden encontrar entre 4 y 5 euros más baratos. Así que negocio, y redondo además, para el colegio.

La experiencia docente de muchos años me dice que los libros en primaria se usan bastante más que en secundaria y es posible que en esas edades más tempranas los niños puedan necesitar de esos manuales de apoyo, aunque estoy convencido de que cada vez menos. ¿Alguien duda de lo qué prefiere un alumno? ¿Recibir la explicación de la circulación de la sangre siguiendo el aburrido libro de texto o proyectando en una pantalla un vídeo de la serie Erase una vez el hombre? ¿No hay material interactivo suficiente en Internet con el que explicar cualquier tema? ¿Con qué aprenderán más los chavales?

De todos modos cuando ya nos vamos a secundaria y bachillerato, el despropósito es absoluto. Con el coste que tienen los libros, ver que en muchísimos casos estos manuales se usan únicamente como repositorio de ejercicios y problemas da pena y vergüenza. Muchos de mis alumnos reconocen que no usan los libros absolutamente para nada, simplemente para ir a la página que les indican y realizar el ejercicio que les ponen para casa. ¿Triste, verdad?

¿Y si no usan los libros más que para hacer los ejercicios no sería más fácil prescindir de ese libro y plantear ejercicios que se pueden encontrar a patadas en Internet o que el mismo profesor puede preparar sin demasiadas dificultades?
La respuesta es evidente pero eso para el profesor supone un trabajo extra, y aunque hay muchos profesores que preparan sus propios materiales y que además los comparten con todos aquellos que lo necesitan sigue habiendo una gran mayoría que prefieren seguir atados a su libro de texto, que les da todo casi resuelto. Con lo que el libro también se convierte en un negocio para algunos profesores.

A alguno le surgirá la pregunta de si no serán muchísimo mejores los libros de texto que preparan las editoriales que el material que prepara un simple profesor. Y seguramente si iniciativas como la de apuntesmareaverde.org.es  van fraguando pronto lo empezaremos a escuchar en los medios de comunicación.
Yo, personalmente, tengo claro que no. El profesor sabe perfectamente lo que quiere explicar y cómo explicarlo. Muchas veces adecua su material a los propios alumnos, sabe donde debe hacer más o menos incidencia. ¿No es esto preferible?

Cuenta el artículo de la Fundación Melior lo siguiente:

Las editoriales ganan en un año por la venta de estos libros la mitad de lo que gasta el Gobierno en Educación. Según la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza (ANELE), la facturación en libros de texto en el curso escolar 2012-2013 fue de 803.180.000 euros. Mientras que la cifra destinada a Educación en los Presupuesto Generales del Estado para 2013 se situó en poco más de 1.944 millones.

Muchos intereses y mucho dinero en juego. Demasiado como para no pensar en el negocio montado alrededor. Se acaba de aprobar la LOMCE y seguro que muchos pensamos que antes de su aprobación la mayoría de las editoriales ya tenían preparados los materiales para el curso que viene…

De derechos y negocios

Dispara, yo ya estoy muerto, Julia Navarro

Hace poco leía Dime quién soy y me quedaba un regusto amargo. El libro no terminó de convencerme aunque había disfrutado con los anteriores libros de Julia Navarro, La biblia de barro, La hermandad de la Sabana Santa y La sangre de los inocentes, así que decidí que probaría con el último libro de la escritora madrileña, Dispara, yo ya estoy muerto.

Título: Dispara, yo ya estoy muerto.
Autora: Julia Navarro
ISBN: 978-8401354694
Editorial: Plaza & Janes
Número de páginas: 912
Fecha de publicación: Agosto 2013
Precio: 21,76 euros (tapa blanda), 11,39 euros (formato digital kindle), 11,39 euros (formato epub).

 
Sinopsis: Dispara, yo ya estoy muerto, de Julia Navarro, autora de otras novelas de éxito de la narrativa española como La sangre de los inocentes o Dime quién soy, es la apasionante historia de dos familias que persiguen sus sueños y luchan por sobreponerse a su propio destino. Una intensa y emocionada crónica de una saga familiar q ue ahonda en el vértigo de la condición humana al tiempo que propone una conmovedora reivindicación de que por encima de las patrias están las personas. Julia Navarro propone una ambiciosa novela de personajes, donde sus vidas se entrelazan con momentos clave de la historia. Varsovia, San Petersburgo, Jerusalén, París… son algunos de los escenarios de esta novela que, desde su enigmático título hasta su sorprendente final, esconde más de un misterio, mucha aventura y emociones a flor de piel. Hay momentos en la vida en los que la única manera de salvarse uno mismo es muriendo o matando. Marian Miller, cooperante de una ONG, debe realizar un informe sobre los asentamientos ilegales de los judíos en territorio palestino. Para ello pretende recoger las versiones de ambos lados, una decisión que la llevará a citarse en Jerusalén con Ezequiel Zucker, un anciano que tiene, como tantas personas, muchas cosas que contar e, incluso, algún secreto que ocultar… Así, como si se tratara de un enorme puzzle en el que encajar muchas y complejas piezas, el viejo Ezequiel le irá relatando la historia de su familia, mientras ella le ofrecerá la versión árabe.

 

Julia Navarro ha intentado ir sobre seguro y posiblemente ha acertado. El libro es un gran éxito de ventas y ocupa un lugar principal en los escaparates de cualquier librería. Eso es innegable. Pero a mi, igual que me pasó con Dime quién soy este libro tampoco ha terminado de gustarme. La historia en muchos momentos me ha parecido demasiado lenta en su desarrollo. Tampoco me ha parecido excesivamente brillante la forma en que nos cuenta Julia Navarro la historia, me ha resultado como demasiado forzada.

Según iba avanzando en su desarrollo más convencido estaba de que al final aparecería un giro insospechado que diera fin a la historia. Y no me equivocaba. Las similitudes con su anterior novela son excesivas, una historia frágil que fía todo a un final espectacular.
El aspecto más positivo de la historia es que nos permite conocer mejor el origen de las disputas entre árabes y judíos y entender mejor la situación de Oriente Medio, pero poco más. Demasiados clichés, tópicos y todo muy previsible. Ojalá en su próximo libro Julia Navarro vuelva a sus orígenes…
Dispara, yo ya estoy muerto, Julia Navarro