Una vez más…, libros de texto

Publica Jordi Martí en Xarxatic una carta dura, muy dura, titulada “Carta abierta a los docentes que usan libros de texto“. Escribe la carta como docente pero también como padre, más como lo segundo que como lo primero me parece a mí, aunque ciertamente los que seguimos su blog con cierta asiduidad sabemos que Jordi no se caracteriza por el corporativismo. En cualquier caso se trata de una carta que podrían firmar como suya muchos padres pero seguramente muchos menos profesores.

Hola compañera/o,

Permíteme que me dirija a ti para, después de haber desembolsado cuatrocientos euros en la librería de la esquina, te transmita mi felicitación por ser tan considerado con las familias que, lamentablemente, tienen la desgracia de haber caído en tus manos. Unas manos manchadas, por cierto, de sangre y sudor de otros. Unas manos que, jamás, serán capaces de llagarse al ver sufrir a los padres cuya cuesta de septiembre se va a ver casi imposible de superar por culpa de tus malas prácticas. Unas manos finas o más gruesas que, después de validar en junio el uso de libros de texto para el próximo año en tu/s asignatura/s deberían serte cortadas por el verdugo más cruel que pudiéramos conseguir a precio de mercado.

Seguramente algo excesivo en estas primeras líneas, lo que le ha valido que muchos de los comentarios y críticas que han aparecido en su blog se centren en lo accesorio y no en lo fundamental de la carta. Esas referencias a la sangre y el sudor o al verdugo cruel deberíamos entenderlas en un sentido literario, evidentemente tomadas al pie de la letra suenan excesivas, y uno de los problemas del lenguaje escrito es que no siempre es fácil que la ironía o el sentido que uno quiere dar a sus palabras puedan ser bien entendidas por los lectores. De todos modos ha conseguido generar debate e incluso remover conciencias, que al fin y a la postre, seguramente es lo que Jordi pretendía.

No hay derecho. No hay derecho a que, con las posibilidades que existen en pleno siglo XXI y con la cantidad de materiales gratuitos que hay disponibles por la red, obligues a que los padres sigamos siendo presos de las editoriales. No es de recibo que, después de llevar unos año de crisis y recortes, seas tan miserable de aplicar las mismas prácticas que aplican los de arriba y recortar el presupuesto de las familias en este primer mes de curso. No es razonable y, creo que, por corto de miras que seas, lo vas a entender sin demasiados problemas. Si ello no fuera así, creo que vamos peor de lo que me pensaba en este país en el tema educativo.

Pues no. No hay derecho. Porque es verdad que la cantidad de recursos gratuitos que hay disponibles en Internet es ingente, y también es cierto que hay que hacer un buen filtrado porque no todo es valido. También es verdad que cada vez más docentes preparan sus propios materiales y lo ponen a disposición de todos, pero supongo que lo más sencillo es seguir usando lo mismo que hace 60 años, con más colores, más fotos y más dibujos pero igual de interactivo por ejemplo. Luego nos quejaremos de que a los chavales no les gusta…, pero tampoco es raro porque ellos están acostumbrados a otros “materiales” más divertidos.
No le falta razón tampoco con eso de que “aplicar las mismas prácticas que aplican los de arriba” y supongo que muchos profesores se habrán sentido muy molestos, porque claro, mucha marea verde, mucha movilización, mucha defensa de lo público y mucha huelga pero que luego te comparen con el patrón explotador…

Puedo comprender que si eres un docente novel te veas en la tesitura de agarrarte a algo hecho por otros. Si son tus primeros años en tan ardua y exigente profesión te disculpo pero, si ya llevas algunos años en esto, no es de justicia que sigas pidiendo esos desembolsos económicos a las familias de tus alumnos.

Aceptemos la excusa, pero son justo estos nuevos profesores los que más deberían, y además desde el principio, apostar por nuevos modelos. Aquí en Madrid hoy comienza el debate del estado de la región y parece que desde el gobierno madrileño se solicita un cambio importante en la formación del profesorado.
En alguna ocasión se ha hablado de momias en el sistema educativo, a esos es muy difícil cambiarlos, los que llegan deberían llegar predispuestos a ofrecer alternativas. El futuro nos va en ello.

Llevo más de diez años sin usar libro de texto (bueno, creo que aparte de algunos pinitos con el mismo los dos primeros cursos, no los he vuelto a utilizar). Se puede y, curiosamente, no sólo se puede… es muy fácil prescindir de ese libro. Hoy en día, en pleno siglo XXI, con la conexión a internet que seguramente dispondrás en tu domicilio, puedes acceder a miles de recursos gratuitos en la red. Miles de recursos, algunos de los cuales sólo has de seleccionar y usar en bruto (tal y como se hace, mayoritariamente, con los libros de texto actuales). Con lo anterior no mejorarás tu práctica docente pero, como mínimo, evitarás que las familias de tus alumnos vayan ahogadas este inicio de curso. Un ahogamiento, por cierto, cada vez más difícil de recuperar con la que está cayendo.

Lo de no usar libro de texto tampoco es una novedad, en mis años de bachillerato no era extraño que  en las listas que aparecían en los tablones del Instituto algunas asignaturas no contaran con libro de texto, y no me estoy refiriendo a la Religión, la Ética o a la Educación Física, estoy hablando de Matemáticas por ejemplo. Supongo que los profesores de entonces pensarían que no era necesario usar esos libros porque para utilizarlos simplemente como repositorio de problemas era suficiente pasar una fotocopia con los ejercicios del tema.
Es muy habitual que los chavales que me llegan a la academia me digan que no usan para nada el libro en clase (libro que les han mandado comprar en el colegio o en el instituto) y que sólo lo abren para buscar los deberes en casa.
Gastarse 30 euros en un libro que sólo se va a abrir para leer el enunciado de un problema es un robo y una estafa, con todas las letras.


Antes de finalizar me gustaría saber por qué has optado por esos libros de texto que, curiosamente, transmiten un anacronismo en las prácticas metodológicas tan exagerado. ¿Por qué eres así de incapaz de adaptarte a la nueva realidad y hacer algo para mejorar tu práctica docente? ¿Por qué eres tan amiga/o de hacer gastar dinero a familias que no lo tienen o, que si lo tienen, debería ser desembolsado en algo mucho más productivo que lo anterior?

Son unas preguntas que  ahí quedan. Más que respuestas entiendo que buscan reflexiones.

También entiendo que es algo que no sólo debe caer en las espaldas de los profesores porque sigue habiendo muchos intereses en juego. Cada vez se extiende más entre los centros concertados y privados la venta por ellos mismos de estos libros, convirtiéndose de facto en una de sus principales fuentes de financiación. Así no sería de extrañar que si un profesor de uno de estos centros dice que no quiere libro para su asignatura, esto se puede considerar como un ataque directo a su propia empresa. Hace unos días publicaba un artículo en el que hablaba también de los libros de texto y comentaba también como dependiendo de los centros los libros que se solicitan son de una u otra editorial principalmente. Creo que a nadie escapa que si un libro es mejor todos o casi todos deberían apostar por él, y esto no es lo que está ocurriendo de lo que se deduce que o todos son más o menos iguales o puede existir algún interés más.
Se me ocurre que por ejemplo la escuela pública, ajena a esto último que comentaba de las fuentes de financiación podía haber dado un paso al frente, en vez de tanta huelga que al final parece que se hace más contra las familias que contra los dirigentes políticos podían haber apostado por fórmulas más novedosas en su protesta,  ¿qué tal, por ejemplo, que este año no hubiera habido que comprar libros de texto en ningún colegio público? Evidentemente la calidad de la enseñanza no podría caer a causa de ello, pero es posible que en su lucha hubieran implicado a otros actores como editoriales, libreros (que por supuesto hubieran puesto el grito en el cielo), además de sumar para la causa a las familias que se verían directamente beneficiadas por estas medidas. No quiero decir con esto que el tema de los libros de texto haya que ponerlo como arma arrojadiza, pero nos mostraría una escuela publica diferencial.

Nada… tan solo despedirme y decirte que, a mí y a muchos, nos has jodido el septiembre.
Un fuerte abrazo,
Jordi
PD. Esta carta no exime de responsabilidad a la administración educativa, incapaz de editar sus propios materiales y distribuirlos gratuitamente a todos los alumnos que se hallan en el sistema.

Los medios de comunicación cuando llegan a estas fechas tienen dos temas recurrentes, el síndrome post-vacacional y  la cuesta de septiembre. Si pensamos en familias con más de un hijo el roto con el tema de los libros es considerable. Supongo que un buen número de estas familias además no les importaría gastar ese dinero si los libros fueran algo más que un montón de hojas que se traen y llevan del colegio, que a veces ni se utilizan, y de verdad sirvieran para algo, pero es que no es eso lo que parece.

En fin, es lo que tenemos, pero no está de más parar por un momento a reflexionar.

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