Cuento de Navidad

Se acercaban los días de la Navidad, y allí, en el centro del salón, sobre la alfombra, jugaban Paula y Daniel. Su abuela, mientras, estaba cosiendo junto al fuego de la chimenea. Entonces Daniel dijo a su abuela:
– Abuela, cuéntanos un cuento.
A Paula y Daniel les gustaba que su abuela les contara cuentos, eran cuentos bonitos, cuentos que ella había aprendido muchos años atrás cuando su madre se los contaba siendo una niña.
– Hijos míos, ya no tengo la cabeza para contaros cuentos, tengo muy mala memoria.
Pero Daniel y Paula insistían, querían escuchar un cuento, un Cuento de Navidad.
– Abuelita por favor cuéntanos un Cuento de Navidad.
Entonces la abuela dejó sus gafas y la labor que estaba haciendo y mirando como caían los copos de nieve en la calle mientras poco a poco iba anocheciendo, sonrió y les empezó a contar una historia:

Esta historia que os voy a contar es una historia verdadera, una historia que sucedió hace muchos, muchos años, en un tiempo y en lugar que ya se perdieron en la historia, pero es una historia que a lo mejor un día podrá volver a suceder. Tantos años hace ya de esto que os voy a contar que cuando sucedió era en los tiempos en los aún Dios bajaba de vez en vez a la Tierra para estar con los hombres.
Esa mañana, muy temprano, cuando el Sol todavía andaba somnoliento, cuando estaba desperezándose y preparándose para alzarse sobre las montañas, quiso Dios visitar a los hombres.

– Abuela, Dios tiene que ser muy trabajador porque sino no se levantaría tan temprano con lo cansado que debe estar, ¿a qué sí? -dijo Daniel.
– Desde luego mira que eres, Dios es muy fuerte y no tiene que descansar, tú lo que pasa es que eres un dormilón y no te gusta madrugar y piensas que nadie lo hace -dijo Paula.
La abuela moviendo la cabeza dijo:
– Bueno, ¿pero me vais a dejar que cuente la historia o no?
– Sí, abuela – contestaron los dos a la vez.

En una ciudad vivían tres viejos hombres muy buenos, eran poderosos, ricos y sabios, se llamaban Haluel, Saluel y Raluel. Y con ellos vivía un muchachuelo que no era poderoso, pues nadie le obedecía, que no era rico, pues nada tenía y que no era sabio, pues ni siquiera a leer y escribir había aprendido. Su nombre era José.
Y entró Dios en su casa y dijo:
– Amigos míos, estoy aquí para pediros consejo. Cada día que pasa los hombres son peores, apenas acaba una guerra cuando ya están preparando la próxima, por eso he pensado en bajar a la Tierra para ayudarlos. Quiero enviar a la Tierra a mi hijo para que sea hombre como vosotros y viva como vosotros. Pero no sé que nacimiento prepararle, vosotros sois los hombres más buenos y sabios; dadme pues consejo. 
Los tres hombres entonces se miraron extrañados, sus caras reflejaban asombro, pero no temor ni miedo. No era la primera vez que Dios había venido a pedirles consejo, pero nunca antes les había preguntado algo tan difícil y complicado.
El primero de los hombres, Haluel, que era el más viejo de ellos, haciendo una profunda reverencia dijo:
– Excelentísimo y reverendísimo Señor Dios, su hijo deberá tener un nacimiento como los poderosos, como el nacimiento del más poderoso de los emperadores y reyes. 
Entonces el segundo de los sabios, Saluel, hizo otra profunda reverencia y dijo:
 – Excelentísimo y reverendísimo Señor Dios, su hijo deberá tener un nacimiento rodeado de sabiduría, un nacimiento como el más sabio de los maestros.Entonces el tercero de los hombres, Raluel, haciendo una reverencia mucho más historiada que la de los otros dos dijo:
– Excelentísimo y reverendísimo Señor Dios, su hijo deberá tener un nacimiento como el más rico de todos los ricos de la Tierra juntos. 
El joven criado que hasta entonces había estado escuchando dijo con toda inocencia:
– Oiga señor Don Dios y digo yo ¿por qué en vez de tener un hijo no tiene usted una hija, una hija que nazca rodeada de pobreza, que tenga un nacimiento como el nacimiento de los pobres? 
Los tres sabios reprendieron a José que además de no haber hecho una reverencia ante Dios tampoco le había llamado excelentísimo y reverendísimo, pero Dios les dijo:
– No le regañéis, pues a él también le quiero escuchar.
Un ángel que había bajado con Dios para tomar nota de las respuestas de los sabios escribió en su libro lo que había escuchado y sonrió.

– Cuando yo creé el mundo lo hice grande y hermoso, mi hijo podría nacer en cualquier lugar, además me gustaría saber quién podría ser su madre. Aconsejadme vosotros, los hombres más sabios y buenos.
El sabio más viejo le dijo a Dios:
– Excelentísimo y reverendísimo Señor Dios, su hijo podría nacer en Roma, en el palacio del emperador, el hombre más poderoso de la Tierra y su madre sería la princesa más poderosa de los poderosos de la Tierra.
El segundo sabio dijo a Dios:
– Excelentísimo y reverendísimo Señor Dios, su hijo debería nacer en Atenas, la ciudad de la cultura y la sabiduría, nacería en la Academia, y de la mujer más sabia que todos los sabios de la Tierra.
El tercer sabio dijo a Dios:
– Excelentísimo y reverendísimo Señor Dios, su hijo debería nacer en Biblos, en un palacio de oro, su madre sería la mujer más rica de todos los ricos de la Tierra.
El criado ignorante que no sabía ni leer ni escribir le dijo a Dios:
– Señor Dios, su hija debería nacer en una aldea desconocida, en una casa pobre y humilde, y de una más pobre que todos los pobres de la Tierra.
El ángel que había venido con Dios, sonriendo, volvió a anotar cada una de las respuestas.

– Gracias por vuestra ayuda. Me habéis dicho cómo, dónde y de quién debería nacer mi hijo, sólo una cosa más me gustaría que me dijerais, el por qué de vuestras respuestas.
Y el sabio más viejo, Haluel, le dijo a Dios:
– Excelentísimo y reverendísimo Señor Dios sólo el poder puede hacer cambiar a los hombres, si los hombres son sometidos se les podrá obligar a ser buenos. Por eso vuestro hijo deberá ser el más poderoso de los poderosos.
Y dijo Saluel:
– Excelentísimo y reverendísimo Señor Dios sólo la sabiduría puede hacer cambiar al mundo, un mundo guiado por alguien sabio es un mundo sabio y bueno. Por eso vuestro hijo deberá ser el más sabio de los sabios.
Y habló Raluel:
– Excelentísimo y reverendísimo Señor Dios sólo la riqueza pueda cambiar el mundo, con riqueza se pueden evitar las miserias. Por eso vuestro hijo deberá ser el más rico de los ricos.
Y añadió José, el criado ignorante:
– Señor Dios el poder convierte a los pobres en oprimidos, la sabiduría desprecia a los humildes e ignorantes, la riqueza roba a los que menos tienen. Solamente el amor, un amor sin poder, sin sabiduría, sin riqueza, puede cambiar a los hombres y hacerlos justos. Lo único que puede redimir al mundo es el amor. Por eso tu hijo deberá nacer pobre entre los pobres y amar como sólo los pobres, los que nada tienen, saben hacerlo.
El ángel que había bajado a la Tierra con Dios sonriendo volvió a escribir en su libro cada una de las respuestas que había escuchado.

De este modo había aconsejado los sabios que todo lo sabían a Dios y el criado ignorante que nada sabía. Pasaron los años y los tres sabios, Haluel, Saluel y Raluel murieron y el muchachuelo se convirtió en un hombre y conoció a una joven guapa y hermosa llamada María, tan pobre como él. Y se casaron, y tuvieron una niña, un niña preciosa, una niña que nació en una casa muy pobre, en medio de la fiesta y la alegría de los vecinos, tan pobres como María y José.
Y cuando los dos quedaron solos, un ángel, el ángel que acompañó a Dios en su último viaje a la Tierra entrando en la habitación dijo:
– Aquí está la hija de Dios, una hija que nace humilde, y no en un palacio, que nace sin saber nada, y no conociéndolo ya todo, que nace sin riquezas, y no entre oro y joyas. Vuestra hija no tiene poder, ni riqueza, ni sabiduría, pero tiene amor. La voluntad de Dios se ha hecho y cada vez que un pobre vuelva a nacer en la Tierra su voluntad se habrá vuelto a cumplir.

– ¿Os ha gustado la historia? – preguntó la abuelita con dulzura, pero Paula y Daniel no respondieron. Los dos se habían quedado dormidos escuchando el cuento. Entonces la abuela se levantó de la vieja mecedora y con ternura les cubrió con una manta. Eran dos angelitos durmiendo sobre la alfombra. Mientras, el fuego de la chimenea crepitaba con gozo.

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Cuento de Navidad

Los nonovios de Olivia, Braulio Llamero

Título: Los nonovios de Olivia.
Autor: Braulio Llamero.
Editorial: Libro electrónico.

Fecha de inicio: 25-10-2012.
Fecha de finalización: 13-11-2012.

Personajes principales: Olivia, Juanillo y Miguel.
Descripción de personaje principal: Olivia es una chica de más o menos 11 años pero parece más mayor. Es alta, tiene el pelo largo, rubio y tiene flequillo. Usa gafas pero solo de lejos.
Olivia suele vestir con vaqueros, chaqueta y zapatos.
Es algo egoísta y irritante, pero cuando quiere es buena persona.
Le gusta jugar con sus amigas y fastidiar al chico que quiere salir con ella.

Resumen: Olivia es una chica que aparenta tener más años de los que tiene. Siempre tiene novio, pero nunca los quiere, solo si los elige ella. Ella dice que sus novios no son novios, entonces la gente los llama”nonovios”.
El problema que tiene ser “nonovio” de Olivia es que es demasiado egoísta y irritante, por eso cuando empiezas a ser “nonovio” de Olivia quieres dejar de serlo. El primero en tener el problema fue Juanillo, iban a ver una película de miedo en el colegio, Olivia se agarraba al brazo de Juanillo cada vez que había un susto fuerte, Juanillo la chinchaba con que si era su novia y Olivia lo ignoraba. Así empezó el gran problema de Juanillo: siempre tenía algo genial para el fin de semana, pero nunca lo hacía, porque Olivia o no quería o quería jugar con sus amigas… Llegó el cumpleaños de Olivia, y tuvo que comprarla algo, pero no sabia que comprarla, al final la compró  un peine. Pasó un tiempo y Juanillo le pasó el turno a Gustavo, él le regalo un reloj de muchos colores. Un buen día escuchó que un chico llamado Aquiles se quería ligar a su novia y casi hubo pelea cuando parecía que Gustavo iba a pegar a Aquiles no le pegó y le regaló a su novia Olivia y de casualidad Olivia que pasaba por allí lo escuchó y dijo que ahora no quería a ninguno, ahora quería salir con Enernio.  Enernio casi se atraganta se pasaron los días y Enernio ya no jugaba con sus amigos porque se pasaba el día escapando de Olivia. Llegó el cumpleaños de Miguel y Miguel tuvo que invitar a Olivia porque ella le había invitado a él, y también a Enernio.
A Juanillo se le ocurrió que su prima Patricia hiciera de novia de Enernio para que Olivia le dejara en paz. El día del cumpleaños de Miguel apareció Enernio con Patricia y Olivia se quedó sorprendida por ver a Enernio con Patricia.

Opinión personal: Me ha gustado mucho porque Olivia cuando quiere algo lo consigue pero no me gusta que Oliva obligue a los demás  aun así me lo he leído dos veces una en verano cuando estaba de vacaciones y otra ahora, porque un día en la biblioteca encontramos el libro en papel y me acordé de él y por eso quise volver a leerlo. Le dije a mi profesor si podía leerlo como segundo libro del curso y me dijo que sí.

Los nonovios de Olivia, Braulio Llamero